El Cerro Yaguarón es uno de los principales emblemas naturales y culturales de la ciudad, profundamente ligado a su origen indígena y a la herencia franciscana. Con una altura superior a los 300 metros sobre el nivel del mar, se eleva imponente sobre la ciudad, que se extiende a sus pies, ofreciendo un punto privilegiado para contemplar las serranías de la Cordillera de los Altos, que rodean gran parte de la región de Paraguarí. En la cima del cerro se encuentra un oratorio y una cruz, símbolos de la profunda religiosidad del lugar. A lo largo del sendero de ascenso, los visitantes pueden apreciar distintos nichos que representan los Misterios bíblicos, lo que convierte al recorrido en una experiencia espiritual además de natural. Durante la Semana Santa, el cerro es visitado por miles de personas que llegan para revivir simbólicamente el ascenso de Cristo al Monte de los Olivos y, al mismo tiempo, disfrutar de las vistas panorámicas que ofrece el entorno. La tradición oral y la creencia popular enriquecen aún más el atractivo del cerro. Se cuenta que las huellas de Santo Tomás habrían quedado marcadas para siempre en una roca por donde pasó caminando, convirtiéndose en un punto de especial interés y devoción para los visitantes. El sendero de acceso no presenta un alto grado de dificultad, ya que el uso constante a lo largo de los años permitió que los pobladores lo adapten de manera natural, incluso formando escalones con grandes planchones de piedra. Aun así, se recomienda realizar pausas durante el ascenso y llevar suficiente hidratación. En el trayecto es posible observar fauna silvestre típica de la zona, como aves, pequeños roedores y lagartos, que enriquecen la experiencia de contacto con la naturaleza. Uno de los momentos más impactantes se vive en la cima durante el amanecer, cuando el sol comienza a asomarse detrás de la silueta de la serranía de Paraguarí, regalando un espectáculo visual único. Por ello, es altamente recomendable llegar de madrugada para presenciar este instante inolvidable. Naturaleza, fe, misterio y tradición se entrelazan en el llamado “Cerro del Jaguarû”, un lugar cargado de simbolismo donde incluso la mitología paraguaya encuentra su espacio, al relatar que el mítico Teju Jaguá tendría su morada oculta en algún rincón del cerro. Un destino que invita a descubrir no solo paisajes, sino también historias y creencias profundamente arraigadas en la identidad local.